Hambre, saciedad y azúcar en sangre: las seis hormonas del páncreas
Del páncreas todo el mundo conoce la insulina. Pero fabrica seis hormonas, y varias de ellas no deciden tu glucosa: deciden si tienes hambre, cuándo te sientes lleno y a qué velocidad se vacía tu estómago.
Quién vive en los islotes de Langerhans
El páncreas tiene dos partes. La exocrina, que es el 98-99 % del tejido y fabrica las enzimas digestivas. Y la endocrina, minúscula en comparación, repartida en los islotes de Langerhans, donde conviven cinco tipos de células que liberan hormonas directamente a la sangre.
| Hormona | Célula | Qué hace |
|---|---|---|
| Insulina | Beta (β) | Baja la glucosa metiéndola dentro de las células |
| Glucagón | Alfa (α) | Sube la glucosa activando gluconeogénesis y glucogenólisis |
| Somatostatina | Delta (δ) | Frena la insulina, el glucagón y la hormona del crecimiento |
| Polipéptido pancreático | PP (gamma) | Inhibe la secreción exocrina y regula el vaciamiento gástrico |
| Grelina | Épsilon (ε) | Estimula el apetito y la hormona del crecimiento |
| Amilina | Beta (β) | Frena el glucagón, retrasa el vaciamiento gástrico y da saciedad |
Las células beta ocupan el 60-70 % del islote; las alfa, entre el 20 y el 25 %.
Insulina y glucagón: guardar y sacar
La insulina se libera cuando sube la glucosa después de comer. Al unirse a su receptor desencadena una cascada que lleva los transportadores GLUT-4 a la membrana de músculo y tejido graso, permitiendo que la glucosa entre en la célula. A la vez guarda: activa la formación de glucógeno, la síntesis de grasa y la de proteínas. Y frena todo lo contrario —gluconeogénesis, lipólisis y cetogénesis—.
El glucagón hace lo opuesto. Se libera cuando la glucosa baja: ayuno, ejercicio intenso, hipoglucemia. Actúa sobre todo en el hígado, donde rompe el glucógeno almacenado y fabrica glucosa nueva a partir de aminoácidos, lactato y glicerol. También moviliza ácidos grasos del tejido adiposo como combustible alternativo.
Un detalle interesante: además de la hipoglucemia, estimulan el glucagón ciertos aminoácidos como la arginina y la alanina, el estrés, el ejercicio y la adrenalina. Lo inhiben la insulina, la somatostatina y la propia hiperglucemia.
Lo que está cambiando la forma de entender la diabetes
Durante décadas la diabetes se ha explicado como un problema de insulina: falta —tipo 1— o no funciona bien en los tejidos —tipo 2—. La investigación reciente añade un segundo protagonista.
En la diabetes existe una hiperglucagonemia persistente: hay demasiado glucagón incluso cuando la glucosa ya está alta, lo que no tiene ningún sentido fisiológico. Se atribuye a una disfunción de las células alfa y a la pérdida del freno que insulina y somatostatina ejercen sobre ellas.
En una persona sana, comer suprime el glucagón. En la diabetes tipo 2 esa supresión falla, y el resultado es que el hígado sigue soltando glucosa justo después de las comidas, cuando menos falta hace.
El dato más contundente viene de la experimentación: en modelos animales, eliminar el receptor de glucagón impidió que apareciera hiperglucemia a pesar de haber destruido las células beta. Sin glucagón funcionante, no hubo diabetes.
La hipótesis bihormonal: no basta con que falte insulina; hace falta además que sobre glucagón.
De ahí salen las terapias dirigidas al eje del glucagón: los antagonistas de su receptor y los agonistas de GLP-1, esos de los que tanto se habla últimamente, que reducen la glucosa actuando también sobre la secreción de glucagón.
Grelina: la hormona del hambre
La grelina actúa en el hipotálamo, en el núcleo arcuato. Allí estimula las neuronas NPY/AgRP, que son potentes inductoras del apetito, y a la vez apaga las neuronas POMC, que producen saciedad. Resultado: más hambre, más ingesta y menos gasto energético basal. Es un mecanismo de supervivencia, especialmente activo durante el ayuno y la restricción calórica.
Y aquí están los dos datos que más me interesan de todo el artículo:
- En la obesidad, los niveles basales de grelina son más bajos, pero existe una resistencia central a su acción, un fenómeno parecido al que ocurre con la leptina.
- En la anorexia nerviosa y en los estados de desnutrición, los niveles de grelina están muy elevados: es el organismo intentando forzar la ingesta.
Esto último merece pararse un momento. Cuando alguien lleva tiempo restringiendo, su cuerpo no se «acostumbra»: sube la señal de hambre. Lo que se vive como falta de fuerza de voluntad es, en buena parte, un sistema hormonal gritando. Entenderlo cambia por completo cómo se aborda.
Amilina: el freno que acompaña a la insulina
La amilina se secreta junto con la insulina, desde las mismas células beta, cuando comes. Hace tres cosas:
- Suprime el glucagón posprandial, evitando que el hígado suelte glucosa justo cuando estás comiendo.
- Retrasa el vaciamiento gástrico, de modo que la glucosa se absorbe más despacio y no hay picos bruscos.
- Induce saciedad, actuando sobre los centros cerebrales del apetito.
En la diabetes tipo 1 la amilina está prácticamente ausente, porque se destruyen las mismas células que producen la insulina. En la tipo 2 puede ser insuficiente o disfuncional. Si esos tres efectos te suenan a los fármacos de los que todo el mundo habla, no es casualidad: es exactamente la vía que están explotando.
Somatostatina: el freno de mano
Se la ha llamado el freno del sistema endocrino. Inhibe la insulina, el glucagón, la hormona del crecimiento, la gastrina, la colecistoquinina y la secretina. En el aparato digestivo reduce el ácido del estómago, la motilidad intestinal, la absorción de nutrientes y la liberación de enzimas pancreáticas.
Su papel es impedir que el sistema se dispare. Sin ese freno, insulina y glucagón podrían amplificarse mutuamente en un bucle.
Qué te llevas de aquí
- El páncreas no es solo insulina: seis hormonas coordinan glucosa, apetito, saciedad y digestión.
- El glucagón no es un actor secundario. En la diabetes hay exceso de glucagón, no solo falta de insulina, y de ahí salen los tratamientos más recientes.
- La saciedad tiene base hormonal: la amilina retrasa el vaciamiento gástrico y frena el apetito desde el cerebro.
- Tras una restricción prolongada, la grelina sube. El hambre que aparece después no es debilidad.
- El sistema está lleno de frenos —somatostatina, amilina, insulina sobre el glucagón— porque la glucosa es demasiado importante para dejarla sin vigilancia.
Y en todo esto la alimentación no es un detalle: cómo comes, en qué orden, con qué frecuencia y con qué combinaciones es donde se juega buena parte de tu respuesta glucémica diaria. Ese es mi terreno.
Referencias
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¿Picos de glucosa, hambre a deshora, saciedad que no llega?
Cómo comes influye tanto como qué comes. Eso se trabaja en consulta con tu caso delante.